Vaya al Contenido

Aún me queda mañana

mundoirc
Publicado por en Relatos ·
Me encuentro en lo que se podría calificar de situación difícil.
 
Eso no es en modo alguno lo que yo tenía previsto. Hace menos de 10 minutos, él me besó en el asiento de atrás del taxi y yo no sé qué debió poner en aquel beso, pero creo que debía de tener alguna especie de narcótico en la lengua porque me pareció que me despedía de mis sentidos.
 

En determinado momento,  tenía la sensación de ser la principal protagonista de la escena de los besuqueos de una formal película autorizada para menores acompañados y, al siguiente, era la protagonista de algún gran éxito del cine porno.
 
Llamando a Carol. ¿Tierra a Planeta Golfa?
 

Estoy tendida de espaldas en la escalera de su casa tras haber abandonado mi sujetador en la barandilla y apoyo las piernas en sus hombros y, a pesar de que eso me parece, oh…OH…sí…SÏ…Eso es…ESO ES…ooooohhhhh…sí..sí…, también experimento un pánico espantoso que consiste en:
 

Voz de mi madre: Te estás comportando como una vulgar furcia. ¿Qué clase de chica pensará que eres?
 
Mi Vanidad: Verá mi celulitis y pensará que soy un monstruo de grasa.
 
Mis Pulmones: Ya no puedo contraer los músculos por más tiempo. ¿Y si ahora levanta la vista y ve la verdadera situación de mi estómago?
 
Mi Paranoia: ¿Y si ahora entra su compañero de piso?
 
Y peor, todavía mucho peor…¿Y si…y si…huelo mal?
 
Bueno, yo  sé que no es posible porque me he revolcado en el baño hasta quedar más limpia que una patena, pero eso me da un miedo atroz.
 

Y por si fuera poco, me da vergüenza y me siento una estúpida de que me de vergüenza. Porque, cuando uno te introduce la lengua en…allí dentro…mmmmmmmmmm…y empieza a lamerte suavemente..oooohhhhh…en aquel sitio…no es precisamente una cosa que ocurra todos los días, ¿verdad? No es algo que invites a que te haga cualquiera. Es una cosa muy íntima y personal. ¡que te deja muy al descubierto!
 

Pero si él cree que voy a experimentar un orgasmo con todas estas cosas que tengo dentro de la cabeza, va listo.
 
Por otra parte, no quiero que se detenga. Hacía mucho tiempo que no me ocurría y una chica lo tiene que conseguir cuando puede. Y en cualquier caso, él es Don Limpio, llega a los lugares donde otros hombres no han llegado.
 
Eso me gusta. Me gusta porque él está tratando de darme placer. Me gusta porque él lo quiere, lo siente, lo desea…
 

Me siento profundamente emocionada. ¡Adiós señora Alcachofa Desmontable de la Ducha. Hola tío que sabes bajarte tan bien al pilón!
 
Una rareza.
 
Un tesoro.
 
¡Un milagro sensacional!
 

Se le da muy bien, sí. Hace ruidos. Ruidos de excitación. Y yo también, pero eso no puede seguir así. El pobre chico está a punto de sufrir una trismo y , además, me apetece tocarlo muchísimo. Le agarro la cabeza que, por suerte, posee las cualidades esenciales de un buen cabello. Huele bien, está bien cortado y, por encima de todo, tiene pinta de ser permanente. Le paso los dedos por el cabello y no puedo evitar emitir un leve gemido, él capta la insinuación. Me mira y me dirige una pastosa sonrisa.
 

¡Eres preciosa!—me dice, y mi corazón pega un brinco acrobático.
 
Después me besa. (Qué alivio.¡Resulta que no huelo mal!)
 
Pero no es un simple beso.
 
Es el beso por antonomasia.
 
Es ese beso que te descontrola. Que te pide más…
 

Llegados a este punto, porque tiene un cuerpo asombroso y porque yo me estoy derritiendo en sus ojos, y él se ha molestado en bajar al pilón, y me gusta mil veces más que Mel Gibson y Bradd Pitt juntos, tomo la decisión ejecutiva de hacer el amor con él hasta que reviente.
 
Y lo hago.
 

¡Pero ahora creo que él se está muriendo en serio! O eso, o está a punto de correrse, lo cual estaría muy bien, pues ha sido una sesión maratoniana.
 
Ya voy, me corro- dice entre jadeos y yo observo como arruga la frente y abre la boca.
 
Después, hace algo maravilloso. Pronuncia mi nombre. Justo en el momento de correrse.
 
Genial.
 
¡Y lo pronuncia bien!
 

Se desploma encima de mí y yo percibo los fuertes latidos de su corazón. Deslizo suavemente los dedos por su columna vertebral y miro al techo.
 
Le doy una puntuación de siete sobre diez. No, eso es injusto. Ocho. Pero, aún así, la cosa puede mejorar.
 

La primera vez que te acuestas con alguien siempre sufres una decepción. Yo siempre había imaginado que sería como en las novelas que leía en mi adolescencia: pasión de trémulas rodillas y visión de túnel, con sísmicos orgasmos simultáneos que duraban toda la noche. Y no…nada que ver…será la edad…
 
Tengo que aceptar el hecho de que no soy una de esas chicas que experimentan orgasmos vaginales sin ayuda. ¿Y qué? Todas mienten de todos modos.
 

Él está emitiendo unos suaves ronroneos y yo le sigo acariciando la espalda. En una situación ideal, lo que yo quisiera ahora es que él se deslizara de nuevo hacia abajo, bajo el edredón y terminara lo que ha empezó, pero ya sé que eso no es más que una quimera, porque en el sexo hay dos reglas de oro:
 

Regla Uno: Los chicos no lo hacen jamás.
 
Regla Dos: Procura siempre correrte tú primero.
 

Y si no consigues el número dos, échale la culpa al chico por el número uno, O sea que él se ha salvado a pesar de que mis regiones inferiores están gritando: ¡Yo, yo, yo, yo, yo, yo!.
 
Se vuelve de lado y me acaricia el pelo. Mientras nos miramos sonriendo, me siento abrumada por el afecto. Tan abrumada que mi cerebro no se desconecta de mi boca.
 
Tú me gustas de verdad. Eres el mejor, murmuro.
 

En cuento lo suelto, me doy cuenta de que acabo de ganar el premio a la declaración más estúpida de toda la década. No sé por qué he tenido que abrir la maldita boca y decir nada..
 
Él se alarma ligeramente y retira su aparato reproductor (por cierto, puntuación de diez sobre diez), sujetando el marchito preservativo para que no se mueva. En una décima de segundo se lo quita, le hace un nudo y lo arroja al suelo. (Está claro que ya lo ha hecho otras veces.)
 

Estoy agotado- suspira, dejándose caer a mi lado y estrechándome en sus brazos. Me acurruco junto a él, apoyando la oreja sobre el encrespado vello de su pecho. Quisiera con toda mi alma retirar el estúpido comentario o averiguar qué piensa él, qué siente, qué significa todo eso. De repente, me siento dominada por un frenesí y quiero respuestas, respuestas, respuestas.
 

Comprendo que soy ridícula. Me he pasado horas mostrándole a este hombre todas las partes de mi carne y he contado nada menos que nueve posiciones sexuales, lo cual no está mal para ser la primera vez. Por consiguiente, creo poder llegar  a la conclusión de que le gusto. Tengo que gustarle.
 

Dime algo, por lo menos…
 
¿Hola?- digo en un susurro, acariciándole la suave piel del estómago.
 
Pero, él está completamente ajeno a mi tumulto interior, pues se ha quedado profundamente dormido.
 
Duerme como un tronco, y ronca…
 
Aún me queda mañana…

Autor: Carol



1 Comentario
Voto medio: 115.0/5
AmstelCee
2018-03-15 14:54:10
Precioso nena!!! Lo que me pude reír con este relato, sigue escribiendo!!

Regreso al contenido